Y las cosas más estúpidas, cuando estás enamorado, las recuerdas como
las más bonitas. Porque su simplicidad no tiene comparación. Y me dan
ganas de gritar. En este silencio que hace daño. Basta. Déjame. Ponlo de
nuevo todo en su sitio. En el fondo del corazón, allí, en aquella
esquina. En aquel jardín. Algunas flores, un poco de sombra y después
dolor. Ponlos allí, bien escondidos, te lo ruego, donde no duelan, donde
nadie pueda verlos. Donde tú no los puedas ver

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